miércoles, 30 de junio de 2021

EL CAMBIO


El verdadero cambio no es lento, ni sutil ni silencioso. El verdadero cambio es difícil, es incómodo. Te hunde en lo más profundo de la nada. Tomar consciencia de ese cambio es tan frustrante que hace que tu mente y cuerpo se paralicen. Se siente como aquel día que fuiste con tu mamá al mercado y estabas emocionado viendo la góndola de dulces, y de repente, miraste al costado y ella ya no estaba. Te perdiste. Como si te perdieras de aquello que te daba seguridad y protección, de aquello que te permitía seguir respirando. Y no conocés nada más. Comienzas a sentir un nudo en el pecho. La buscás desesperado entre la gente, mientras ese nudo presiona cada vez más fuerte como si cada segundo que estás sin ella es un segundo más que te lleva a la muerte. Y quieres sobrevivir, por eso corres creyendo verla a lo lejos. Pero no. Y el sentimiento de desprotección es tan grande que no te cabe en el pecho y te ahogas en un profundo llanto.



Es que cambiar implica primero dejarte atravesar por la muerte de la historia que conocías hasta ese momento. Es estar en frente de todo eso que tu mente reconoce como lo correcto, pero que sabés que te está matando por dentro. No es simplemente soltar las cargas y dejarte despeinar por lo que te depare la vida de manera romántica. ¡No! Produce un miedo terrible porque el mundo tal y como lo concebías se desvanece como si estuvieras parado sobre tierra seca que comienza a resquebrajarse debajo de tus pies y no hay agarraderas.  O como una ola de tsunami que viene a arrasar todo y aunque quieras correr con todas tu fuerzas para salvarte, no puedes hacer otra cosa que dejar que te lleve puesto. 



Sin embargo, hay una pequeña partecita tuya dentro tu corazón que sabe que no tiene caso resistirse, pero tu instinto de supervivencia sigue dando pelea. Y quieres con todas tus fuerzas volver a ese momento del tiempo en el que comenzaste a sentir ese susurro en el oído que te decía que algo no andaba bien, pero intentabas taparlo como sea porque, al menos, conocías el mapa de ruta de cómo seguir. Y sabías que perderlo iba a ser duro, como lo está siendo ahora. Y piensas que podrías haberlo hecho mejor. Y te culpas por no haberte dado cuenta antes de esto o aquello. Y tanta resistencia te parte la cabeza. El cuerpo empieza a hervir su sangre. El agotamiento es tal que te dejas caer. entiendes que aunque quieras, ya no hay vuelta atrás. 


Es tiempo de reinventarte como sea y como puedas. No hay mapa y ya ni siquiera hay ruta, porque te toca inventarla vos. Pero al menos, ya tampoco existe ese ruidito molesto en el oído porque finalmente escuchaste y entendiste que vos sos mucho más que cualquier cosa que te haya tocado atravesar.

Y dejas de castigarte. Y comprendes que una vez abajo, lo único que queda es subir…

 

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lunes, 25 de enero de 2021

QUIEN CREE QUE PUEDE CONTROLARLO TODO, PIERDE EL JUEGO

  


Tener objetivos claros. Trabajar día a día con esfuerzo. Saber qué querés y para dónde vas. Ya que parece que el esfuerzo es directamente proporcional al merecimiento de que nos vaya bien en la vida. 

 

Nos dijeron que debemos estudiar algo que nos de rédito económico y si somos felices con eso mejor aún. Y si no, `pan y ajo` ¡Dale, seguí! La vida no te espera, y así de un día para el otro, te chocas con la realidad de cómo hacer para pagar las cuentas. 

 

Después tenemos que vivir en pareja pa´ repartir los gastos. Los gastos de alquiler , los gastos de vivir decentemente, los gastos de los gastos… 

Y debemos trabajar cada vez más porque llegan los hijos, así que si podemos hacerlo más de ocho horas, genial. Ya no hay tiempo para cuestionarse. ¡Dale, seguí! 

 

Y tampoco te olvides de juntar suficiente dinero para llegar a la vejez con dignidad; y si es económica, mejor.

¡Pero pará! Antes hay que darle de comer a los pibes que tuviste y, por supuesto, darles una buena educación para que tengan un futuro asegurado. Y que sea mejor que el tuyo. Obvio.

 

Esto no pretende ser una apología de la soltería, tampoco es un reproche a nuestros padres, ni estoy en contra del matrimonio ni la idea de tener hijos. No quiero convencer a nadie, solo hacer visible otra mirada.

 

Creo que estamos inmersos en un discurso social que tomamos como verdadero. Funcionamos como soldaditos intentando dejar todo en la cancha del sacrificio, y si tenemos un huequito en nuestra vida para disfrutar, genial y sino; pues no importa porque “es lo que nos tocó en suerte”. 

 

De hecho, cuando vemos que al de al lado le está yendo bien sin ningún esfuerzo aparente, según nuestro juicio, en seguida pensamos que no se lo merece. ¿Y si se lo merece porque tiene otra consciencia? Ni mejor ni peor, simplemente otra diferente a la tuya. ¿Y si tiene confianza en que hay otra realidad que también es digna y válida?

 

Y cansa… cansa estar bajo la lupa de los demás constantemente.

¿Y qué vas a hacer? ¿Qué planes tenés? ¿A qué te vas a dedicar? ¿Cuál es tu objetivo de vida? ¿Ya te decidiste?

Y si les contás que aún no tenés ni p**a idea de qué vas a hacer y que, encima, eso no te genera ningún tipo de conflicto, es lapidario para la gente. 

¿Por qué hay que sentirse culpable por no saber qué hacer? Creo que la vida no es tan lineal. Si te gusta hoy algo, no significa que eso te tenga que acompañar el resto de tus días. ¿Y si no hay más plan que ser un buscador de la vida? ¿Y si te dedicas a varias cosas y tal vez no tienen ninguna semejanza entre ellas? ¿Y si no hay que llegar a ningún lado en particular? ¿Y si no hay que ganarle ninguna carrera al tiempo, porque uno es dueño de su tiempo y lo maneja como quiere?

 

Intentar ir por el camino poco convencional no es nada fácil, pero qué lindo es ir por la vida despacio, prestándole atención a tus ganas, intentando vivir en armonía con la incertidumbre de no saber qué pasará mañana.

 

Empezar de cero tampoco es tan malo. A mi me gustan los desafíos que implican cerrar etapas, moverme para luego tener que adaptarme a nuevas situaciones. Y más lo disfruto cuando esas circunstancias son extremas: país nuevo, gente nueva, incluso idioma nuevo.

 

Obviamente que el proceso de despedida o cierre también duele. Lograr desapegarse es jodidamente jodido porque el ego siempre aparece queriendo controlar todo. Pero luego me doy cuenta que quien cree que puede controlar todo pierde el juego. Y yo quiero seguir jugando. Entonces, me aliviano agradeciendo todo lo vivido para continuar el viaje.

 

En el fondo de nuestro ser siempre sabemos cuándo es el momento de dejarnos ir. Solo hay que saber parar. Saber escucharte y hacerte caso. Porque no te va a ir mejor cuanto más te esfuerces, sino cuando no te resignes a vivir como te dijeron que era correcto.

 

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viernes, 1 de enero de 2021

BALANCE DEL 2020


"Tu herida es la entrada por donde la luz puede pasar”. Me gusta esta frase para definir lo que representó el 2020 para mi.

 

Tuve grandes altibajos. Me preocupé por entender qué me estaba pasando y así conocerme mejor, haciendo consciente lo inconsciente. Dejé de reprimir mis emociones… Yo, que creía que era la persona más sincera del planeta, descubrí que aún faltaba ser sincera con la persona más importante de mi vida: yo.

 

Intenté aceptar más y fluir con las circunstancias. Pude centrarme en mí. Dejé de culpar a otras personas de mis problemas y puse la lupa en mí. Así salió el miedo, heridas del pasado, emociones reprimidas, bronca contenida, síntomas físicos. Salió todo lo que debía de salir.

 

Estuve cara a cara con mi propia sombra. Pero entendí que también es parte de mi y que intentar tapar las miserias es a la larga desgastante, así que decidí alumbrarla, verla de frente. Aceptar que es parte de mi e integrarla para poder mejorar y avanzar.

 

Pude conectarme con la escritura, no desde lo periodístico como suelo hacerlo, sino desde el corazón. Escribí muchísimo, creo que más que durante toda mi carrera de periodismo. Me animé a crear mi propio blog y comenzar a mostrar, a través de mis textos, lo que soy y en lo que creo. Y así, de a poco, sentirme menos cohibida por la mirada del otro.

 

Me amigué con mi profesión. Dejé de culparme y de culparla por haberla elegido. Dejé de creer que es una profesión con un mercado de trabajo difícil y mal remunerado. Entendí que si amo lo que hago y me enfoco en hacerlo cada vez mejor, puedo vivir de esto. Porque lo que crees lo creas. Sigo trabajando en eso…

 

Supe darme cuenta cuándo una etapa que me dio mucha satisfacción ya había llegado a su fin. Y a pesar del miedo de no saber si estaba haciendo lo correcto, y con más dudas que certezas, me animé a mudarme en el medio de una pandemia, para empezar mi vida en un nuevo país una vez más. Entendí que, en el fondo, la incertidumbre tiene cierta cuota de adrenalina para mi, que lejos de asustarme me carga de energía para ir hasta las últimas consecuencias.

 

Descubrí algunas terapias holísticas que me ayudaron a conocerme mejor. Algunas me llamaron tan poderosamente la atención que empecé a estudiarlas para aplicarlas en mi, y luego poder hacerlo en los demás. Tengo ganas de dejar algo bueno en este mundo que por momentos parece que se nos cae sobre nuestras cabezas y no sabemos cómo bajarnos sin lastimarnos… Creo que ayudando al prójimo es un buen comienzo. 

 

Me comprometí más con las causas que me llaman. Dejé de creer un poquito menos en lo que el sistema y los medios dicen que es correcto o dan como verdad absoluta. Sé que vivo en una sociedad y hay reglas que se deben respetar, pero empecé a cuestionarme acerca de las creencias que nos inculcaron. Todavía no tengo todas las respuestas y seguramente nunca las tenga, pero al menos ahora me hago preguntas. Comencé a entender que si quiero resultados diferentes, debo hacer cosas diferentes…

 

2020 gracias por todo, hasta por aquello que planeé creyendo que era lo mejor para mi y no se dio. No estoy enojada con vos. Te agradezco todo lo que me dejaste ver que había en mí cuando el mundo se había parado por completo.

 

Ahora que me conozco y me acepto más, sé que este 2021 lo voy a hacer mejor.

 

 

 

 

miércoles, 25 de noviembre de 2020

NUEVA NORMALIDAD

--Este texto lo escribí el 1/07/2020, como el título lo menciona, pero se me traspapeló. ;) --


Hoy se cumple casi cuatro meses desde que anunciaron que la pandemia finalmente había llegado a isla irlandesa. Desde aquél 15 de marzo mi cuerpo se encontraba pasando por una catarata de emociones incontrolables. Se apagaron las luces de repente, sentí que me quedé sin piso firme para caminar segura. Si, suena trágico, pero así lo sentí. Las cosas que creía tener bajo control y sin riesgo aparente de perdida habían desaparecido en un abrir y cerrar de ojos: esa película que había filmado en mi cabeza acerca de cómo sería mi 2020 y lo que debía de hacer para lograr ese objetivo se había esfumado. Y pensé que  para lograrlo debía soportar determinadas situaciones, aunque no me hicieran feliz. Como una especie de sacrificio por una felicidad mayor. ¡Gran error!


Comprendí que todo pasa por algo. Siempre tuve esa frase como cabecera, pero esta vez me la tomé muy en serio. Hace varios años que vengo haciendo una exploración personal interna. Supongo que ese camino fue el que me trajo a Irlanda. Pero ahora, con el diario del lunes, la vorágine del día a día europeo y la búsqueda incansable por ver cómo estirar mi estadía en el viejo continente, me la olvidé un poco.


"No tengo tiempo ahora, mejor mañana", es la excusa que siempre usamos para evitar ponernos en modo introspección. El eterno mañana que nunca llega, hasta que algo pasa y el "no hay más tiempo" te explota en la cara.

 

Ya hace un tiempo que estoy investigándome, como nos gusta a nosotros los periodistas: meter el dedo en la llaga a ver qué pasa, buscarle la quinta pata al gato, ser el abogado del diablo... En ese camino empecé a mirarme en profundidad e intentar desprenderme de patrones impuestos y mis creencias limitantes inconscientes. Y así, con el mundo en stop, empecé a mover el mío: investigué acerca de la Técnicas de Liberación Emocional (EFT), la Numerología y la Astrología, leí el libro "El plan de tu alma" de Robert Schwartz. También hice cursos y talleres online de todo tipo: redacción digital, escritura para viajeros, journaling creativo, pintura, Biodescodificación y Entrenamiento Metafísico.

 

El taller de Metafísica fue lo mejor del mundo mundial. Conceptos como mentalismo, causa y efecto, polaridad, vibración, correspondencia, aceptación; nunca me fueron totalmente ajenos. Pero verlos de manera gráfica y bien explicados fueron la punta del iceberg para entender por qué pasa lo que pasa en la vida de cada uno. Es que haber podido escuchar algunas historias de vida de un grupo de casi 200 personas, me hizo ver que en realidad nadie está solo. Todos pasamos por las mismas situaciones, tenemos los mismos miedos y queremos lo mismo, con sus matices claro; pero todos internamente tenemos la misma búsqueda hacia mejorarnos como seres humanos

 

Y un día después del taller y viendo que particularmente en Irlanda vuelve prácticamente todo a la “nueva normalidad”, no puedo dejar de sentirme como aquél 15 de marzo pasado cuando se apagaron las luces externas y tuve que empezar a buscar la luz dentro mío. Paradójicamente, tengo la misma sensación que aquél día. Sensación de vacío, de angustia, de miedo. ¿Y ahora qué? ¿Y ahora para dónde voy? 


Las ganas de llorar a veces son incontrolables y sin razón aparente. Si se supone que está volviendo todo a la normalidad... ¿Por qué me siento así? ¿Será que aquella normalidad ya no va conmigo? ¿Quiero volver a lo de antes de verdad?

 

Y después de tanto investigar-ME tengo más dudas que certezas, pero al menos ya no me reprimo. Ya no lucho contra mi ni contra el mundo. Me dejo ser. Estos estados emocionales que pueden parecer negativos, en realidad no lo son. Hay que agradecerlos también porque generan incomodidad y es ésta la que hace que te empieces a mover en busca de una vida más coherente con tus deseos.

Así que me permito sentir ese malestar. Me permito sentir ese vacío porque ninguna revolución vino en calma...



   





 

lunes, 20 de abril de 2020

A LA NIÑA QUE FUI



Hoy le quiero hablar a Yasmila, la niña tímida del colegio. A la que le daba vergüenza hablar en público y cuando lo hacía le sudaban las manos. A la que llamaban “palo vestido”, es que era tan flaca que le costaba encontrar jeans de su talla. La que odiaba su pelo y por ello pasaba horas alisándolo. La que no creía poder terminar la carrera universitaria que ella misma eligió. La que siempre tuvo tiempo para escuchar a los demás, pero se olvidó por mucho tiempo de oírse. La que más de una vez tomó decisiones basándose en el qué dirán. La que ni soñaba con atreverse a subir a un avión para irse a estudiar inglés a la otra punta del planeta. Y no sólo lo logró sino que duplicó la apuesta –y con pandemia mediante-.

Algunos creen que ir a Irlanda fue una decisión influenciada por terceros. Sin embargo, fue la primera vez en mi vida que tomé una determinación pensando sólo en mí. Entendí que debía probarle a esa niña que fui que el mundo empieza justo ahí cuando te animas a hablar en público y ya no te sudan las manos. Justo ahí, cuando te mirás al espejo y descubrís que el pelo ondeado te queda bien porque es tuyo.

No sabía qué, pero estaba convencida que había algo más esperándome. Y así con más dudas que certezas, pero con la convicción de que era la elección correcta me subí a ese avión con destino a Dublín. A mis 32 años. Era la primera vez que viajaba sola para irme lejos de lo seguro. Lejos de los afectos. 

Y hoy observo el camino por el que aposté, al que le invertí amor, energía, lágrimas y tiempo. Miro el camino recorrido y a esa niña que no se sentía segura. La abrazo, le seco las lágrimas y le digo: “todo por lo que pasamos, bueno y malo, valió la pena”. Me pregunto qué cambiaría de mi historia si pudiera. Nada. Porque todo me trajo hasta acá. Es tiempo de agradecer todo.

Hoy sé qué quiero. Quiero soltar mi miedo a la vida, mi versión sumisa. Quiero decirle que no a lo que no me hace feliz, aunque me convenga. Quiero una versión de mi que no responda a los miedos, los paradigmas sociales y la comodidad de lo seguro. No quiero responder más a la mirada del otro; sólo a la mía, la única que debe importarme.

No quiero hacer lo que me digan. Quiero SER.

BUSCANDO UN POR QUÉ


A mi me gusta buscar un por qué a todo, como si todo lo que va ocurriendo en la vida estuviera oculto por señales que ésta nos regala y que debemos saber interpretar para poder avanzar, para ser cada día nuestra mejor versión.

Este último tiempo mis pensamientos y mis acciones han cambiado tanto que por momentos no me reconozco, pero a la vez me gusta esta nueva persona en mí. A veces me observo y veo el pasado inmediato que construí y no lo puedo creer. No puedo creer cómo uno logra avanzar en la vida cuanto más se rompe. Es que cuanto más te desarmas, más aprendes. Nadie crece yendo por el camino llano. Creo que la clave es animarse, aunque te de miedo, anímate a saltar.
Acá cuento un salto y la búsqueda de un por qué.

Hace un par de meses me atreví a hacer algo que la Yasmila de antes, esa mujer con miedo a lo desconocido, jamás hubiera hecho. Y lo hice porque todo lo vivido me ha llevado a entender que de lo único que hay que arrepentirse es de no haber hecho eso que tenías ganas -y podías hacer- pero no lo hiciste por miedo al fracaso. Y entonces, contra todo pronóstico, salté.

Pero luego vino la frustración por querer cambiar a esa persona o a la situación que ésta estaba viviendo. No podía, no pude y sé que no podré. No soy yo quien deba cambiar a nadie. No soy el ombligo del mundo.

Pero tampoco quiero ser hipócrita conmigo. Es cierto que no poder controlarlo todo provoca impotencia, rabia y hasta dolor. Me cuestioné nuevamente el por qué. ¿Por qué aparece esto en mi camino?

Y lo entendí. Es que no sirve creer que si pasa actuarías de determinada manera, tampoco sirve que te lo cuenten, no sirve que te hablen de la experiencia de los demás. Para crecer hay que atravesar cada una de las situaciones buenas y malas porque serán las que hagan evolucionar tu yo.

Y entonces hoy me siento lista para decirte a vos GRACIAS. Gracias por aparecer en mi vida con tus pedazos rotos, con tus miserias, con tu sinceridad cruda, con tus rayitos de luz y tu esperanza de un mañana mejor. Un mañana en el que, seguramente, la vida no nos encuentre. Es que nos encontró hoy. Y es hoy todo lo que tenemos. Me cuestionaste por qué no aparecí dos años después, que justo ahora no era el momento. Te miré con tristeza. Fue en lo único que coincidimos, en el por qué…

Y en ese momento entendí que apareciste para arrebatarme el miedo, para comprobar que yo también puedo arriesgarme y no morir en el intento. 

Gracias porque, a pesar de tu ser roto, supiste entenderme. Gracias por darme una nueva Yasmila. Hoy sé que merezco mucho más.
Los finales no tienen que ser felices, tienen que dejarnos en paz.

viernes, 17 de abril de 2020

DUALIDAD



El tiempo pasó. Ya no somos los mismos.
¿O será que, a pesar del tiempo, sí seguimos siendo quienes fuimos?

Y esa maldita duda de tal vez estar equivocándome, a pesar del tiempo.
Paralizada entre lo que fue y lo que ya no es.

Y esa necesidad de no volver jamás.
Y esas ganas de retroceder para siempre.

Mi esfuerzo por no recordarte.
Y mi rezo por no olvidarte.

Mi anhelo de seguir sin importar a dónde.
Mi miedo de volver para siempre.

Mi intención de evitarte a cada instante.
Mis ganas de andar siempre encontrándote.

Y sigo buscando ahora donde ya no hay nada. 
O tan sólo hay miedo de encontrarlo todo.

¿Quién me arrebató el tiempo? ¿Por qué no te llevaste también mis ganas?

Rompe el círculo

Cómo las preguntas correctas pueden transformar tus emociones Las emociones negativas no siempre vienen de lo que pensamos. Entendiendo que ...