lunes, 25 de septiembre de 2023

ÉL SOMOS TODOS

foto:https://pixabay.com/es/photos/chico-retrato-ni%C3%B1o-las-manos-317041/


Es un domingo cualquiera, a las 12 de la noche, estaba en mi casa tomándome un té y aprontándome para dormir. Es verano así que en Mallorca es imposible tener las ventanas cerradas. Y comencé a escuchar gritos. Me asomé por la ventana y vi a dos mujeres y tres hombres discutiendo. No se entendía bien qué pasaba. O tal vez yo no quería entender. No me quería involucrar. Pero, de todas maneras, era claro que era un problema de pareja separada en malos términos y con un hijo en común. 

Mientras observaba desde mi ventana, sentí un nudo en el estómago recordando momentos de mi propia infancia que resonaban en esos gritos. Y no pude dejar de sentir pena por ese niño. Un niño al que veo muy de vez en cuando en la vereda de casa jugando a la pelota solo. Y ahora que lo pienso, nunca lo vi jugando con otros niños o compartiendo el juego con sus padres. Siempre solo.

Me pregunté dónde estaría él en ese momento. ¿Estaría dentro de la casa solito y escuchando la discusión de sus padres? ¿O estaría con algún amiguito o algún familiar en un lugar un poco más acogedor y sin enterarse de lo que estaba pasando? No lo supe.

Lo que sí pude entender es que el papá del niño le estaba reclamando a su mamá que le habían pegado. “Tú no tienes ningún derecho a pegarle. No eres su padre”, se escucha. Y viendo la secuencia, me atrevo a especular que quien le pegó fue su padrastro. Se me partió el corazón. No podía dejar de pensar en ese nene dándole patadas a la pelota. Solito. Intentando matar el aburrimiento. Intentando comportarse como un niño. Intentando no molestar. Intentando darse un ratito de felicidad. Solito.

Quería abrazar al pequeño con fuerza y decirle que lo entendía. Quería contarle que no está solo en su dolor. Que no esté triste. Que no hizo nada malo. Que sus papás lo aman, pero no saben cómo demostrar su amor sin herir. Que sus papás están rotos por dentro y que eso no es su culpa.

Esa noche no pude evitar pensar en la niña que fui. Todos estamos librando batallas internas. Todos, en mayor o menor medida, estamos rotos por dentro. Y a veces, cuando esas batallas pesan más; en medio del caos, solo necesitamos empatía. Solo necesitamos que alguien nos diga "no te preocupes, todo va a estar bien".

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lunes, 2 de enero de 2023

EN DEFENSA DEL AUTOCONOCIMIENTO: TUS PEQUEÑOS LOGROS TAMBIÉN SON ACCIONES GIGANTES



Hola ¿cómo estás? Te quiero hablar a vos. A vos que tal vez estás, al igual que yo, abrumada/o por todos los logros materiales que han tenido las personas que conoces y las otras a las que sólo seguís en redes porque te gusta su contenido. 


“Grabé un curso”; “Publiqué un libro”; “Me mudé”; Viajé a tal lado”; “Conseguí X seguidores” Y bla bla… ¡Un sin fin de logros cuantificables!


Pero nada se habla de esos otros logros, los que no son tangibles, los que carecen de éxito social. De esos que sólo vos tenés la satisfacción de entenderlos y abrazarlos como si hubieras alcanzado la luna. Y seguro que de esos hay un montón. No te agobies. No te sientas chiquitito. No te sientas que deberías haber logrado más. A mi me pasa lo mismo que a vos. Está todo bien. Hay algunos años que suelen ser más trascendentes, obvio. Pero lo que es seguro es que todos los años tenemos en nuestro haber de esos logros pequeñitos, de esos que hacen que tu alma esté un poquito más en paz.

Yo te cuento los míos. :)


  • Logré sostener algunas rutinas, como la de levantarme todos los días con el tiempo suficiente para desayunar, tomar unos mates y meditar antes de salir al trabajo.


  • Descubrí que ir asiduamente a contemplar el mar y sentir mis pies sobre la arena fría del invierno me da años de vida.


  • Logré ir al trabajo en mi propio transporte, mi bici. Ya no dependo del transporte público.


  • Me amigué con mi mente. Acepté que siempre va ir mucho más rápido de lo que mi cuerpo y los tiempos humanos pueden entender -y a veces soportar-


  • Me preocupé por generar espacios en mi día a día que me ayuden escribir. Comprendí que hasta lo que sí me gusta hacer necesita que le de el espacio que merece en mi vida para que se convierta en rutina.


  • Dejé de buscar trabajo. Si, eso. ¿raro, no? Es que tengo en mi cabeza el trabajo que quiero hacer. No es cualquier trabajo. No se encuentra ahí fuera. Entonces decidí crearlo yo. Así que en ese camino del emprendimiento y marca personal estoy.


  • Reconocí que no me gusta que me apuren. Así que comencé a marcarle límites, incluso a mi propia ansiedad. Intento hacer de mi lentitud una forma de vida, la mía :)


  • Acepté que querer hacer varias cosas a la vez me abruma. Me agobia y despierta, una vez más, mi ansiedad; volviéndose contraproducente para mi salud mental primero y física después. Así  que una cosa a la vez. A mi ritmo, a mi tiempo.


  • Me descubrí en una convivencia de pareja. No sé si lo hago bien, solo sé que si lo vivo como un curso intensivo de autoconocimiento, hace que lo lleve liviano, con amor y en paz.



¿Y vos? ¿También tenés logros chiquitos que celebrarte?

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jueves, 8 de diciembre de 2022

🛑 DEJEN DE VENDER-ME HUMO 🛑


 

¿Qué pasa cuando hasta el disfrute de hacer lo que te gusta se va?


La verdad es que estoy cansada de ver un montón de post con frase como:
- “5 cosas que deberías hacer para…” 
- “10 pasos para que no te pase X cosa”.
- “Tenés que publicar al menos tres post por semana..."

Y éstos deben ser creativos, pero que no parezca que quieres vender tu producto; pero además debe generar debate para que la gente comente y así el bendito algoritmo de no sé qué red social, entienda que es contenido interesante y se lo muestre a más personas. ¡Porque cuanto más personas compartan y comenten, mejor! ¿Mejor? ¿Mejor que qué? 🤷🏻‍♀️ 

Dejemos de vender ideales. Yo estoy cansada de correr detrás de la zanahoria o de que me digan detrás de qué zanahoria debo ir.

¿Sabes qué? Lo que le sirve a uno, puede no servirle a otro. Lo que a uno le llevó años, a otro tal vez, con la misma receta, le lleva solo meses lograrlo. 

Nada ni nadie te garantiza nada, ni el mentor con más seguidores, ni el que parece que tiene un éxito tremendo en las redes sociales o el que te cobra más caro porque tiene experiencia y bla bla. Tal vez la persona que a mi me ayudó con determinado problema, hace exactamente lo mismo con otra persona, y no le va tan bien.

¡Es agotador gente, agotador!

¿Y donde queda eso de hacer lo que te gusta por puro placer? Y compartir lo que sabes hacer porque SÍ, SOS BUENA/O EN ESO porque amás hacer eso y punto. ¿Qué tenés que demostrar? ¿Qué tenés que hacer para tener la primera oportunidad?

“¿Qué garantías me das?”, me preguntó un posible cliente.
La garantía que te doy es que amo hacer lo que te estoy ofreciendo. 

Va a haber gente que sienta que eres la hostia porque le sirvió lo que le brindaste y gente que no. Y eso también está bien. Eso también te hace un buen profesional. 

Pero claro, para demostrarle a alguien que sos competente en lo que te gusta hacer, y que seas digno de contratación, antes debes sortear todos los algoritmos de todas las pu** redes sociales, tener más de no sé cuántos seguidores, y si podes volverte viral con varios de tus post mejor. Pero también tenés que tener testimonios de personas que ya probaron tu servicio/producto para demostrar que sos bueno/a en tu rubro. ¡Ah, me olvidaba! Y también tener tu marca personal bien definida.

Nadie dice que emprender, por momentos, también se vuelve una pu**a mierda… 😤 
Lo siento, tenía que decirse y se dijo.

Querido emprendedor, ¿tú te sientes así a veces? 😒 

lunes, 18 de julio de 2022

Mi vuelta al sol nro 37

 


Mi alta sensibilidad y mi constante cuestionamiento existencial nunca me dejan en paz, y cuando cumplo años se vuelve más intenso. Pero estoy tratando de ver esto como algo positivo. Cuestionarme hace que me ubique en el presente, en lo que hoy tengo. Agradecer y buscar ir por más. Antes me pensaba inconformista, ahora, luego de mucha introspección, sé que me gustan los cambios porque me generan esa adrenalina que me trae el no saber qué va a pasar. Aunque también los sufro, porque suelo ser un poco controladora y me gusta sentirme segura. Y ahí yace mi contradicción existencial, una vez más. 

No creo en la idea romántica del cambio. El cambio profundo tiene algo de muerte. Hay una parte tuya que muere y es digna de duelo, luego sí viene el renacer, el abrirse a lo desconocido. Y ese cosquilleo en la panza y ese sentirme como niña una vez más para ir creciendo en esa nueva realidad. 
Creo que los cambios de ninguna manera son negativos. Es la forma que tiene la vida de moverte el piso para que dejes de estar en piloto automático día tras día. Y si la vida no me los trae, yo los busco. De hecho, hace cuatro años y medio dejé mi país para irme a buscar situaciones que pusieran en jaque mis creencias. No fue un camino fácil, pero ¡qué camino lindo! Hoy quiero agradecerme por haber tenido el valor de no pensar que ya estaba grande para hacerlo. Haber tenido el valor de cuestionar mi realidad, y lo que había aprendido de niña; o lo que había dejado a un lado justamente porque ya no era una niña. Y tuve que ir a buscarla, recordarla… En nuestro niño es que están todas las respuestas.

Aunque algunos creen que ir al pasado para entender por qué o para qué de determinadas situaciones, es revolver mierda. Y sí, lindo no es; va a heder… pero para mí es la única manera de sanar el alma. ¿Querés que algo o alguien cambie? Voltea a verte, revolvete, saca para fuera, busca… como si fueras el niño que fuiste. No hay mejor forma de autoconocimiento que esa. Y así, lo externo se modifica solo...

Recuerdo que cuando era niña mi familia quería a toda costa que me relacionara con gente. Nunca tuve problemas para socializar con mis pares, me gustaba jugar con ellos; pero también recuerdo cómo disfrutaba de jugar sola. Siempre fui muy obediente. “Vaya a jugar a la casa de fulana”, me decían. Y yo que no cuestionaba nada y acataba todo lo que me decían los mayores, iba. Pero ahora recuerdo cómo al salir por la vereda rumbo a la casa de esta fulana algo dentro mío me hacía ruido, era como un enojo interno. Yo no necesitaba eso. Yo sabía buscarme mis propios vínculos. Yo siempre supe qué era lo que quería y cómo lo quería, pero a veces por ser tan obediente con los padres, con lo correcto, con la sociedad toda, se te olvida. Claro que mi familia quería que fuera una niña feliz, y lo fui. Sólo que ahora entiendo que jugar sola y disfrutar de ello está bien. No hay ninguna anomalía en eso, al menos en mi caso.

Y entonces en este buceo interno del que hablo, fui descubriendo que tengo adicciones. Una es la soledad. Ella es mi gran refugio, por eso la busco. Ahí me encuentro cara a cara con mi ego, ahí me entiendo y me atiendo. Es que sé que salgo del aislamiento fortalecida. Honestamente, a veces el mundo se me hace un poco pesado y es ahí cuando el cuerpo me pide volver a mi.

Detesto los planteos y los reclamos. No los hago y por eso no me gusta que los hagan conmigo. Yo no funciono así. No hago nada que no sienta o no quiera hacer y eso no significa que no me importe la gente. Solo busco darle a las personas a mi alrededor tiempo de calidad y pretendo que eso me vuelva también. Me costó mucho llegar a este punto, y aún lo estoy trabajando…

Tengo adicción a tomar mate. Soy feliz con una bici que me lleve hacia el mar, lo demás es yapa. Me gusta ver amanecer. Caminar por las calles de la ciudad mientras todos duermen y descubrir así sonidos nuevos.
El tumulto de gente me agobia. No puedo estar mucho tiempo dentro de un centro comercial. Me sofoco. Y si tengo que ir, busco hacerlo por las mañanas. Porque les dije que mucha gente me abruma, ¿no?

Debo reconocer que no administro bien mi tiempo. Escribo un montón de cosas que nunca publico. Hago de la meditación una práctica diaria para callar mi mente, al menos por un rato. Intento no encapricharme con lo que no es, pero elijo trabajar constantemente para que sí sea. Y hago terapia porque todo esto no lo descubrí sola…

Me cuesta terminar lo que empiezo, y según mi carta astral es por mi falta de tierra. Me gusta leer temas relacionados con lo esotérico, la astrología, la metafísica, desarrollo personal. Estoy leyendo tres libros a la vez porque, además de que me cuesta culminar las cosas, pues ansiedad por querer todo ya. Estoy trabajando en ello, obvio. 

Estoy de acuerdo con la idea de que vivir en pareja es un curso intensivo de autoconocimiento. Creo en los vínculos basados en el compromiso mutuo, pero por sobre todo en la libertad. Ni yo te puedo hacer feliz, ni vos podes hacerme feliz. Nadie merece cargar con semejante responsabilidad. Me hace bien pensar en que somos seres independientes que elegimos compartir este camino que es la vida. Tampoco creo en los “para siempre”, sino hasta que aprendamos uno del otro; y eso sí puede ser un camino de búsqueda constante y para siempre.

Aceptar al otro tal y como es, es un trabajo constante de día a día, pero si lo logramos habla de que nosotros también nos aceptamos tal y como somos.
Intento vivir en armonía con lo que pienso, digo y hago. A veces me gana la culpa y se me complica un poco la teoría pero el trabajo diario de llevarlo a la práctica siempre está. Y cada día lo logro un poco más.

Tomé decisiones que creí que jamás haría. Y eso me trae un sentimiento de satisfacción inexplicable porque me hace sentir orgullosa de la mujer que soy hoy. Y saber todo lo que aún puedo lograr si sigo en este camino, en mi camino; y si logro cada vez más hacerme amiga de mi mente geminiana (porque luna en Géminis), dejando que las emociones me atraviesen sin tenerles miedo...

domingo, 29 de mayo de 2022

¿DÍA DE LA MUJER?



Vengo un poco atrasada con este post porque el Día –comercial- de la Mujer fue el pasado 8 de marzo. Personalmente, creo que lejos de que esta fecha ayude a conmemorar o reivindicar nuestros derechos o lo que sea que se pretenda hacer, atrasa un montón. Creo que seguimos poniendo el foco afuera. ¿Por qué? Aquí lo explico:

Leí una frase que me hizo pensar: “Nunca va a ser un gesto de amor algo que te haga sentir incómoda o mal, que te corte la libertad o te falte el respeto”. Estoy de acuerdo. Pero la cuestión es cómo educarnos (y cómo educar a nuestras hijas y a nuestros hijos) para darnos cuenta cuándo estamos viviendo una situación así. Y la verdad que considero que hacer marchas multitudinarias exigiendo derechos un día al año, no va a cambiar nada. Sí, es cierto que no estamos igual que hace 20 años en cuestiones de derechos hacia nosotras. Pero los femicidios, la discriminación que aún sufrimos, sigue y seguirá existiendo. Es que seguimos sin ir a la raíz del conflicto. Es que así como hay hombres diferentes, también hay mujeres diferentes. Y como personas únicas, tenemos historias únicas. No nos apasionan las mismas cosas ni nos afectan las mismas cosas por más que compartamos género. Y es que, consciente o inconscientemente, libramos batallas internas todo el tiempo. Y eso sí nos hace iguales en exigir derechos. Seguramente, lo que yo considero que es una falta de respeto o un gesto de amor, para otra persona es todo lo contrario. Porque esa creencia o ese sentimiento que me provoca esa creencia viene ligado de patrones adquiridos a lo largo nuestras vidas y comienzan en el seno familiar. 


Con lo dicho no pretendo responsabilizar a papá o mamá de lo que hicieron o no hicieron con nuestra educación emocional. No va por ahí. Quiero decir que para cambiar algo desde lo colectivo, hay que comenzar a cambiar desde lo individual. ¿Cómo? A través del autoconocimiento. Antes de exigir de los demás respeto y libertad, deberíamos de ser conscientes de si eso que le exijo al otro, yo me lo estoy dando primero. La única forma de ser libres es liberarnos de nuestras propias creencias limitantes. Y sobre todo, hacernos responsables. Creo que, tal vez aún inconscientemente, nos seguimos sintiendo víctimas. Seguimos fomentando el victimismo, en vez de preguntarnos para qué me pasa lo que me pasa. ¿Qué estoy haciendo o qué creencia estoy alimentando en mi mente, que se refleja en la realidad que estoy viviendo?


Continuamos poniendo el foco afuera. El sistema no me protege. El hombre es el malo. Seguimos, en alguna parte de nuestro inconsciente, teniendo doble discurso.

La sororidad entre mujeres no pasa por ir a una marcha una vez al año con pancartas de frases que creemos disruptivas e indignarnos cuando vuelven a matar a una de nosotras. ¡Lo van a seguir haciendo! Y cada muerte también es nuestra responsabilidad porque aún no logramos sanarnos como mujeres individuales e irrepetibles que somos.


¿Eres una mujer que practicas la sororidad? ¿De verdad honras el feminismo? ¿De verdad crees que toda mujer tiene derecho a ser ella misma? ¿Has dejado de juzgar o envidiar a otras mujeres desde tu fuero más interno y no sólo de la boca para fuera? ¿Cuántas de nosotras, honestamente, somos capaces de llegar a ser amiga de la mujer con la que nos fueron infiel? O al menos no juzgarla... 


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miércoles, 30 de junio de 2021

EL CAMBIO


El verdadero cambio no es lento, ni sutil ni silencioso. El verdadero cambio es difícil, es incómodo. Te hunde en lo más profundo de la nada. Tomar consciencia de ese cambio es tan frustrante que hace que tu mente y cuerpo se paralicen. Se siente como aquel día que fuiste con tu mamá al mercado y estabas emocionado viendo la góndola de dulces, y de repente, miraste al costado y ella ya no estaba. Te perdiste. Como si te perdieras de aquello que te daba seguridad y protección, de aquello que te permitía seguir respirando. Y no conocés nada más. Comienzas a sentir un nudo en el pecho. La buscás desesperado entre la gente, mientras ese nudo presiona cada vez más fuerte como si cada segundo que estás sin ella es un segundo más que te lleva a la muerte. Y quieres sobrevivir, por eso corres creyendo verla a lo lejos. Pero no. Y el sentimiento de desprotección es tan grande que no te cabe en el pecho y te ahogas en un profundo llanto.



Es que cambiar implica primero dejarte atravesar por la muerte de la historia que conocías hasta ese momento. Es estar en frente de todo eso que tu mente reconoce como lo correcto, pero que sabés que te está matando por dentro. No es simplemente soltar las cargas y dejarte despeinar por lo que te depare la vida de manera romántica. ¡No! Produce un miedo terrible porque el mundo tal y como lo concebías se desvanece como si estuvieras parado sobre tierra seca que comienza a resquebrajarse debajo de tus pies y no hay agarraderas.  O como una ola de tsunami que viene a arrasar todo y aunque quieras correr con todas tu fuerzas para salvarte, no puedes hacer otra cosa que dejar que te lleve puesto. 



Sin embargo, hay una pequeña partecita tuya dentro tu corazón que sabe que no tiene caso resistirse, pero tu instinto de supervivencia sigue dando pelea. Y quieres con todas tus fuerzas volver a ese momento del tiempo en el que comenzaste a sentir ese susurro en el oído que te decía que algo no andaba bien, pero intentabas taparlo como sea porque, al menos, conocías el mapa de ruta de cómo seguir. Y sabías que perderlo iba a ser duro, como lo está siendo ahora. Y piensas que podrías haberlo hecho mejor. Y te culpas por no haberte dado cuenta antes de esto o aquello. Y tanta resistencia te parte la cabeza. El cuerpo empieza a hervir su sangre. El agotamiento es tal que te dejas caer. entiendes que aunque quieras, ya no hay vuelta atrás. 


Es tiempo de reinventarte como sea y como puedas. No hay mapa y ya ni siquiera hay ruta, porque te toca inventarla vos. Pero al menos, ya tampoco existe ese ruidito molesto en el oído porque finalmente escuchaste y entendiste que vos sos mucho más que cualquier cosa que te haya tocado atravesar.

Y dejas de castigarte. Y comprendes que una vez abajo, lo único que queda es subir…

 

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lunes, 25 de enero de 2021

QUIEN CREE QUE PUEDE CONTROLARLO TODO, PIERDE EL JUEGO

  


Tener objetivos claros. Trabajar día a día con esfuerzo. Saber qué querés y para dónde vas. Ya que parece que el esfuerzo es directamente proporcional al merecimiento de que nos vaya bien en la vida. 

 

Nos dijeron que debemos estudiar algo que nos de rédito económico y si somos felices con eso mejor aún. Y si no, `pan y ajo` ¡Dale, seguí! La vida no te espera, y así de un día para el otro, te chocas con la realidad de cómo hacer para pagar las cuentas. 

 

Después tenemos que vivir en pareja pa´ repartir los gastos. Los gastos de alquiler , los gastos de vivir decentemente, los gastos de los gastos… 

Y debemos trabajar cada vez más porque llegan los hijos, así que si podemos hacerlo más de ocho horas, genial. Ya no hay tiempo para cuestionarse. ¡Dale, seguí! 

 

Y tampoco te olvides de juntar suficiente dinero para llegar a la vejez con dignidad; y si es económica, mejor.

¡Pero pará! Antes hay que darle de comer a los pibes que tuviste y, por supuesto, darles una buena educación para que tengan un futuro asegurado. Y que sea mejor que el tuyo. Obvio.

 

Esto no pretende ser una apología de la soltería, tampoco es un reproche a nuestros padres, ni estoy en contra del matrimonio ni la idea de tener hijos. No quiero convencer a nadie, solo hacer visible otra mirada.

 

Creo que estamos inmersos en un discurso social que tomamos como verdadero. Funcionamos como soldaditos intentando dejar todo en la cancha del sacrificio, y si tenemos un huequito en nuestra vida para disfrutar, genial y sino; pues no importa porque “es lo que nos tocó en suerte”. 

 

De hecho, cuando vemos que al de al lado le está yendo bien sin ningún esfuerzo aparente, según nuestro juicio, en seguida pensamos que no se lo merece. ¿Y si se lo merece porque tiene otra consciencia? Ni mejor ni peor, simplemente otra diferente a la tuya. ¿Y si tiene confianza en que hay otra realidad que también es digna y válida?

 

Y cansa… cansa estar bajo la lupa de los demás constantemente.

¿Y qué vas a hacer? ¿Qué planes tenés? ¿A qué te vas a dedicar? ¿Cuál es tu objetivo de vida? ¿Ya te decidiste?

Y si les contás que aún no tenés ni p**a idea de qué vas a hacer y que, encima, eso no te genera ningún tipo de conflicto, es lapidario para la gente. 

¿Por qué hay que sentirse culpable por no saber qué hacer? Creo que la vida no es tan lineal. Si te gusta hoy algo, no significa que eso te tenga que acompañar el resto de tus días. ¿Y si no hay más plan que ser un buscador de la vida? ¿Y si te dedicas a varias cosas y tal vez no tienen ninguna semejanza entre ellas? ¿Y si no hay que llegar a ningún lado en particular? ¿Y si no hay que ganarle ninguna carrera al tiempo, porque uno es dueño de su tiempo y lo maneja como quiere?

 

Intentar ir por el camino poco convencional no es nada fácil, pero qué lindo es ir por la vida despacio, prestándole atención a tus ganas, intentando vivir en armonía con la incertidumbre de no saber qué pasará mañana.

 

Empezar de cero tampoco es tan malo. A mi me gustan los desafíos que implican cerrar etapas, moverme para luego tener que adaptarme a nuevas situaciones. Y más lo disfruto cuando esas circunstancias son extremas: país nuevo, gente nueva, incluso idioma nuevo.

 

Obviamente que el proceso de despedida o cierre también duele. Lograr desapegarse es jodidamente jodido porque el ego siempre aparece queriendo controlar todo. Pero luego me doy cuenta que quien cree que puede controlar todo pierde el juego. Y yo quiero seguir jugando. Entonces, me aliviano agradeciendo todo lo vivido para continuar el viaje.

 

En el fondo de nuestro ser siempre sabemos cuándo es el momento de dejarnos ir. Solo hay que saber parar. Saber escucharte y hacerte caso. Porque no te va a ir mejor cuanto más te esfuerces, sino cuando no te resignes a vivir como te dijeron que era correcto.

 

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Rompe el círculo

Cómo las preguntas correctas pueden transformar tus emociones Las emociones negativas no siempre vienen de lo que pensamos. Entendiendo que ...