jueves, 8 de diciembre de 2022

🛑 DEJEN DE VENDER-ME HUMO 🛑


 

¿Qué pasa cuando hasta el disfrute de hacer lo que te gusta se va?


La verdad es que estoy cansada de ver un montón de post con frase como:
- “5 cosas que deberías hacer para…” 
- “10 pasos para que no te pase X cosa”.
- “Tenés que publicar al menos tres post por semana..."

Y éstos deben ser creativos, pero que no parezca que quieres vender tu producto; pero además debe generar debate para que la gente comente y así el bendito algoritmo de no sé qué red social, entienda que es contenido interesante y se lo muestre a más personas. ¡Porque cuanto más personas compartan y comenten, mejor! ¿Mejor? ¿Mejor que qué? 🤷🏻‍♀️ 

Dejemos de vender ideales. Yo estoy cansada de correr detrás de la zanahoria o de que me digan detrás de qué zanahoria debo ir.

¿Sabes qué? Lo que le sirve a uno, puede no servirle a otro. Lo que a uno le llevó años, a otro tal vez, con la misma receta, le lleva solo meses lograrlo. 

Nada ni nadie te garantiza nada, ni el mentor con más seguidores, ni el que parece que tiene un éxito tremendo en las redes sociales o el que te cobra más caro porque tiene experiencia y bla bla. Tal vez la persona que a mi me ayudó con determinado problema, hace exactamente lo mismo con otra persona, y no le va tan bien.

¡Es agotador gente, agotador!

¿Y donde queda eso de hacer lo que te gusta por puro placer? Y compartir lo que sabes hacer porque SÍ, SOS BUENA/O EN ESO porque amás hacer eso y punto. ¿Qué tenés que demostrar? ¿Qué tenés que hacer para tener la primera oportunidad?

“¿Qué garantías me das?”, me preguntó un posible cliente.
La garantía que te doy es que amo hacer lo que te estoy ofreciendo. 

Va a haber gente que sienta que eres la hostia porque le sirvió lo que le brindaste y gente que no. Y eso también está bien. Eso también te hace un buen profesional. 

Pero claro, para demostrarle a alguien que sos competente en lo que te gusta hacer, y que seas digno de contratación, antes debes sortear todos los algoritmos de todas las pu** redes sociales, tener más de no sé cuántos seguidores, y si podes volverte viral con varios de tus post mejor. Pero también tenés que tener testimonios de personas que ya probaron tu servicio/producto para demostrar que sos bueno/a en tu rubro. ¡Ah, me olvidaba! Y también tener tu marca personal bien definida.

Nadie dice que emprender, por momentos, también se vuelve una pu**a mierda… 😤 
Lo siento, tenía que decirse y se dijo.

Querido emprendedor, ¿tú te sientes así a veces? 😒 

lunes, 18 de julio de 2022

Mi vuelta al sol nro 37

 


Mi alta sensibilidad y mi constante cuestionamiento existencial nunca me dejan en paz, y cuando cumplo años se vuelve más intenso. Pero estoy tratando de ver esto como algo positivo. Cuestionarme hace que me ubique en el presente, en lo que hoy tengo. Agradecer y buscar ir por más. Antes me pensaba inconformista, ahora, luego de mucha introspección, sé que me gustan los cambios porque me generan esa adrenalina que me trae el no saber qué va a pasar. Aunque también los sufro, porque suelo ser un poco controladora y me gusta sentirme segura. Y ahí yace mi contradicción existencial, una vez más. 

No creo en la idea romántica del cambio. El cambio profundo tiene algo de muerte. Hay una parte tuya que muere y es digna de duelo, luego sí viene el renacer, el abrirse a lo desconocido. Y ese cosquilleo en la panza y ese sentirme como niña una vez más para ir creciendo en esa nueva realidad. 
Creo que los cambios de ninguna manera son negativos. Es la forma que tiene la vida de moverte el piso para que dejes de estar en piloto automático día tras día. Y si la vida no me los trae, yo los busco. De hecho, hace cuatro años y medio dejé mi país para irme a buscar situaciones que pusieran en jaque mis creencias. No fue un camino fácil, pero ¡qué camino lindo! Hoy quiero agradecerme por haber tenido el valor de no pensar que ya estaba grande para hacerlo. Haber tenido el valor de cuestionar mi realidad, y lo que había aprendido de niña; o lo que había dejado a un lado justamente porque ya no era una niña. Y tuve que ir a buscarla, recordarla… En nuestro niño es que están todas las respuestas.

Aunque algunos creen que ir al pasado para entender por qué o para qué de determinadas situaciones, es revolver mierda. Y sí, lindo no es; va a heder… pero para mí es la única manera de sanar el alma. ¿Querés que algo o alguien cambie? Voltea a verte, revolvete, saca para fuera, busca… como si fueras el niño que fuiste. No hay mejor forma de autoconocimiento que esa. Y así, lo externo se modifica solo...

Recuerdo que cuando era niña mi familia quería a toda costa que me relacionara con gente. Nunca tuve problemas para socializar con mis pares, me gustaba jugar con ellos; pero también recuerdo cómo disfrutaba de jugar sola. Siempre fui muy obediente. “Vaya a jugar a la casa de fulana”, me decían. Y yo que no cuestionaba nada y acataba todo lo que me decían los mayores, iba. Pero ahora recuerdo cómo al salir por la vereda rumbo a la casa de esta fulana algo dentro mío me hacía ruido, era como un enojo interno. Yo no necesitaba eso. Yo sabía buscarme mis propios vínculos. Yo siempre supe qué era lo que quería y cómo lo quería, pero a veces por ser tan obediente con los padres, con lo correcto, con la sociedad toda, se te olvida. Claro que mi familia quería que fuera una niña feliz, y lo fui. Sólo que ahora entiendo que jugar sola y disfrutar de ello está bien. No hay ninguna anomalía en eso, al menos en mi caso.

Y entonces en este buceo interno del que hablo, fui descubriendo que tengo adicciones. Una es la soledad. Ella es mi gran refugio, por eso la busco. Ahí me encuentro cara a cara con mi ego, ahí me entiendo y me atiendo. Es que sé que salgo del aislamiento fortalecida. Honestamente, a veces el mundo se me hace un poco pesado y es ahí cuando el cuerpo me pide volver a mi.

Detesto los planteos y los reclamos. No los hago y por eso no me gusta que los hagan conmigo. Yo no funciono así. No hago nada que no sienta o no quiera hacer y eso no significa que no me importe la gente. Solo busco darle a las personas a mi alrededor tiempo de calidad y pretendo que eso me vuelva también. Me costó mucho llegar a este punto, y aún lo estoy trabajando…

Tengo adicción a tomar mate. Soy feliz con una bici que me lleve hacia el mar, lo demás es yapa. Me gusta ver amanecer. Caminar por las calles de la ciudad mientras todos duermen y descubrir así sonidos nuevos.
El tumulto de gente me agobia. No puedo estar mucho tiempo dentro de un centro comercial. Me sofoco. Y si tengo que ir, busco hacerlo por las mañanas. Porque les dije que mucha gente me abruma, ¿no?

Debo reconocer que no administro bien mi tiempo. Escribo un montón de cosas que nunca publico. Hago de la meditación una práctica diaria para callar mi mente, al menos por un rato. Intento no encapricharme con lo que no es, pero elijo trabajar constantemente para que sí sea. Y hago terapia porque todo esto no lo descubrí sola…

Me cuesta terminar lo que empiezo, y según mi carta astral es por mi falta de tierra. Me gusta leer temas relacionados con lo esotérico, la astrología, la metafísica, desarrollo personal. Estoy leyendo tres libros a la vez porque, además de que me cuesta culminar las cosas, pues ansiedad por querer todo ya. Estoy trabajando en ello, obvio. 

Estoy de acuerdo con la idea de que vivir en pareja es un curso intensivo de autoconocimiento. Creo en los vínculos basados en el compromiso mutuo, pero por sobre todo en la libertad. Ni yo te puedo hacer feliz, ni vos podes hacerme feliz. Nadie merece cargar con semejante responsabilidad. Me hace bien pensar en que somos seres independientes que elegimos compartir este camino que es la vida. Tampoco creo en los “para siempre”, sino hasta que aprendamos uno del otro; y eso sí puede ser un camino de búsqueda constante y para siempre.

Aceptar al otro tal y como es, es un trabajo constante de día a día, pero si lo logramos habla de que nosotros también nos aceptamos tal y como somos.
Intento vivir en armonía con lo que pienso, digo y hago. A veces me gana la culpa y se me complica un poco la teoría pero el trabajo diario de llevarlo a la práctica siempre está. Y cada día lo logro un poco más.

Tomé decisiones que creí que jamás haría. Y eso me trae un sentimiento de satisfacción inexplicable porque me hace sentir orgullosa de la mujer que soy hoy. Y saber todo lo que aún puedo lograr si sigo en este camino, en mi camino; y si logro cada vez más hacerme amiga de mi mente geminiana (porque luna en Géminis), dejando que las emociones me atraviesen sin tenerles miedo...

domingo, 29 de mayo de 2022

¿DÍA DE LA MUJER?



Vengo un poco atrasada con este post porque el Día –comercial- de la Mujer fue el pasado 8 de marzo. Personalmente, creo que lejos de que esta fecha ayude a conmemorar o reivindicar nuestros derechos o lo que sea que se pretenda hacer, atrasa un montón. Creo que seguimos poniendo el foco afuera. ¿Por qué? Aquí lo explico:

Leí una frase que me hizo pensar: “Nunca va a ser un gesto de amor algo que te haga sentir incómoda o mal, que te corte la libertad o te falte el respeto”. Estoy de acuerdo. Pero la cuestión es cómo educarnos (y cómo educar a nuestras hijas y a nuestros hijos) para darnos cuenta cuándo estamos viviendo una situación así. Y la verdad que considero que hacer marchas multitudinarias exigiendo derechos un día al año, no va a cambiar nada. Sí, es cierto que no estamos igual que hace 20 años en cuestiones de derechos hacia nosotras. Pero los femicidios, la discriminación que aún sufrimos, sigue y seguirá existiendo. Es que seguimos sin ir a la raíz del conflicto. Es que así como hay hombres diferentes, también hay mujeres diferentes. Y como personas únicas, tenemos historias únicas. No nos apasionan las mismas cosas ni nos afectan las mismas cosas por más que compartamos género. Y es que, consciente o inconscientemente, libramos batallas internas todo el tiempo. Y eso sí nos hace iguales en exigir derechos. Seguramente, lo que yo considero que es una falta de respeto o un gesto de amor, para otra persona es todo lo contrario. Porque esa creencia o ese sentimiento que me provoca esa creencia viene ligado de patrones adquiridos a lo largo nuestras vidas y comienzan en el seno familiar. 


Con lo dicho no pretendo responsabilizar a papá o mamá de lo que hicieron o no hicieron con nuestra educación emocional. No va por ahí. Quiero decir que para cambiar algo desde lo colectivo, hay que comenzar a cambiar desde lo individual. ¿Cómo? A través del autoconocimiento. Antes de exigir de los demás respeto y libertad, deberíamos de ser conscientes de si eso que le exijo al otro, yo me lo estoy dando primero. La única forma de ser libres es liberarnos de nuestras propias creencias limitantes. Y sobre todo, hacernos responsables. Creo que, tal vez aún inconscientemente, nos seguimos sintiendo víctimas. Seguimos fomentando el victimismo, en vez de preguntarnos para qué me pasa lo que me pasa. ¿Qué estoy haciendo o qué creencia estoy alimentando en mi mente, que se refleja en la realidad que estoy viviendo?


Continuamos poniendo el foco afuera. El sistema no me protege. El hombre es el malo. Seguimos, en alguna parte de nuestro inconsciente, teniendo doble discurso.

La sororidad entre mujeres no pasa por ir a una marcha una vez al año con pancartas de frases que creemos disruptivas e indignarnos cuando vuelven a matar a una de nosotras. ¡Lo van a seguir haciendo! Y cada muerte también es nuestra responsabilidad porque aún no logramos sanarnos como mujeres individuales e irrepetibles que somos.


¿Eres una mujer que practicas la sororidad? ¿De verdad honras el feminismo? ¿De verdad crees que toda mujer tiene derecho a ser ella misma? ¿Has dejado de juzgar o envidiar a otras mujeres desde tu fuero más interno y no sólo de la boca para fuera? ¿Cuántas de nosotras, honestamente, somos capaces de llegar a ser amiga de la mujer con la que nos fueron infiel? O al menos no juzgarla... 


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miércoles, 30 de junio de 2021

EL CAMBIO


El verdadero cambio no es lento, ni sutil ni silencioso. El verdadero cambio es difícil, es incómodo. Te hunde en lo más profundo de la nada. Tomar consciencia de ese cambio es tan frustrante que hace que tu mente y cuerpo se paralicen. Se siente como aquel día que fuiste con tu mamá al mercado y estabas emocionado viendo la góndola de dulces, y de repente, miraste al costado y ella ya no estaba. Te perdiste. Como si te perdieras de aquello que te daba seguridad y protección, de aquello que te permitía seguir respirando. Y no conocés nada más. Comienzas a sentir un nudo en el pecho. La buscás desesperado entre la gente, mientras ese nudo presiona cada vez más fuerte como si cada segundo que estás sin ella es un segundo más que te lleva a la muerte. Y quieres sobrevivir, por eso corres creyendo verla a lo lejos. Pero no. Y el sentimiento de desprotección es tan grande que no te cabe en el pecho y te ahogas en un profundo llanto.



Es que cambiar implica primero dejarte atravesar por la muerte de la historia que conocías hasta ese momento. Es estar en frente de todo eso que tu mente reconoce como lo correcto, pero que sabés que te está matando por dentro. No es simplemente soltar las cargas y dejarte despeinar por lo que te depare la vida de manera romántica. ¡No! Produce un miedo terrible porque el mundo tal y como lo concebías se desvanece como si estuvieras parado sobre tierra seca que comienza a resquebrajarse debajo de tus pies y no hay agarraderas.  O como una ola de tsunami que viene a arrasar todo y aunque quieras correr con todas tu fuerzas para salvarte, no puedes hacer otra cosa que dejar que te lleve puesto. 



Sin embargo, hay una pequeña partecita tuya dentro tu corazón que sabe que no tiene caso resistirse, pero tu instinto de supervivencia sigue dando pelea. Y quieres con todas tus fuerzas volver a ese momento del tiempo en el que comenzaste a sentir ese susurro en el oído que te decía que algo no andaba bien, pero intentabas taparlo como sea porque, al menos, conocías el mapa de ruta de cómo seguir. Y sabías que perderlo iba a ser duro, como lo está siendo ahora. Y piensas que podrías haberlo hecho mejor. Y te culpas por no haberte dado cuenta antes de esto o aquello. Y tanta resistencia te parte la cabeza. El cuerpo empieza a hervir su sangre. El agotamiento es tal que te dejas caer. entiendes que aunque quieras, ya no hay vuelta atrás. 


Es tiempo de reinventarte como sea y como puedas. No hay mapa y ya ni siquiera hay ruta, porque te toca inventarla vos. Pero al menos, ya tampoco existe ese ruidito molesto en el oído porque finalmente escuchaste y entendiste que vos sos mucho más que cualquier cosa que te haya tocado atravesar.

Y dejas de castigarte. Y comprendes que una vez abajo, lo único que queda es subir…

 

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lunes, 25 de enero de 2021

QUIEN CREE QUE PUEDE CONTROLARLO TODO, PIERDE EL JUEGO

  


Tener objetivos claros. Trabajar día a día con esfuerzo. Saber qué querés y para dónde vas. Ya que parece que el esfuerzo es directamente proporcional al merecimiento de que nos vaya bien en la vida. 

 

Nos dijeron que debemos estudiar algo que nos de rédito económico y si somos felices con eso mejor aún. Y si no, `pan y ajo` ¡Dale, seguí! La vida no te espera, y así de un día para el otro, te chocas con la realidad de cómo hacer para pagar las cuentas. 

 

Después tenemos que vivir en pareja pa´ repartir los gastos. Los gastos de alquiler , los gastos de vivir decentemente, los gastos de los gastos… 

Y debemos trabajar cada vez más porque llegan los hijos, así que si podemos hacerlo más de ocho horas, genial. Ya no hay tiempo para cuestionarse. ¡Dale, seguí! 

 

Y tampoco te olvides de juntar suficiente dinero para llegar a la vejez con dignidad; y si es económica, mejor.

¡Pero pará! Antes hay que darle de comer a los pibes que tuviste y, por supuesto, darles una buena educación para que tengan un futuro asegurado. Y que sea mejor que el tuyo. Obvio.

 

Esto no pretende ser una apología de la soltería, tampoco es un reproche a nuestros padres, ni estoy en contra del matrimonio ni la idea de tener hijos. No quiero convencer a nadie, solo hacer visible otra mirada.

 

Creo que estamos inmersos en un discurso social que tomamos como verdadero. Funcionamos como soldaditos intentando dejar todo en la cancha del sacrificio, y si tenemos un huequito en nuestra vida para disfrutar, genial y sino; pues no importa porque “es lo que nos tocó en suerte”. 

 

De hecho, cuando vemos que al de al lado le está yendo bien sin ningún esfuerzo aparente, según nuestro juicio, en seguida pensamos que no se lo merece. ¿Y si se lo merece porque tiene otra consciencia? Ni mejor ni peor, simplemente otra diferente a la tuya. ¿Y si tiene confianza en que hay otra realidad que también es digna y válida?

 

Y cansa… cansa estar bajo la lupa de los demás constantemente.

¿Y qué vas a hacer? ¿Qué planes tenés? ¿A qué te vas a dedicar? ¿Cuál es tu objetivo de vida? ¿Ya te decidiste?

Y si les contás que aún no tenés ni p**a idea de qué vas a hacer y que, encima, eso no te genera ningún tipo de conflicto, es lapidario para la gente. 

¿Por qué hay que sentirse culpable por no saber qué hacer? Creo que la vida no es tan lineal. Si te gusta hoy algo, no significa que eso te tenga que acompañar el resto de tus días. ¿Y si no hay más plan que ser un buscador de la vida? ¿Y si te dedicas a varias cosas y tal vez no tienen ninguna semejanza entre ellas? ¿Y si no hay que llegar a ningún lado en particular? ¿Y si no hay que ganarle ninguna carrera al tiempo, porque uno es dueño de su tiempo y lo maneja como quiere?

 

Intentar ir por el camino poco convencional no es nada fácil, pero qué lindo es ir por la vida despacio, prestándole atención a tus ganas, intentando vivir en armonía con la incertidumbre de no saber qué pasará mañana.

 

Empezar de cero tampoco es tan malo. A mi me gustan los desafíos que implican cerrar etapas, moverme para luego tener que adaptarme a nuevas situaciones. Y más lo disfruto cuando esas circunstancias son extremas: país nuevo, gente nueva, incluso idioma nuevo.

 

Obviamente que el proceso de despedida o cierre también duele. Lograr desapegarse es jodidamente jodido porque el ego siempre aparece queriendo controlar todo. Pero luego me doy cuenta que quien cree que puede controlar todo pierde el juego. Y yo quiero seguir jugando. Entonces, me aliviano agradeciendo todo lo vivido para continuar el viaje.

 

En el fondo de nuestro ser siempre sabemos cuándo es el momento de dejarnos ir. Solo hay que saber parar. Saber escucharte y hacerte caso. Porque no te va a ir mejor cuanto más te esfuerces, sino cuando no te resignes a vivir como te dijeron que era correcto.

 

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viernes, 1 de enero de 2021

BALANCE DEL 2020


"Tu herida es la entrada por donde la luz puede pasar”. Me gusta esta frase para definir lo que representó el 2020 para mi.

 

Tuve grandes altibajos. Me preocupé por entender qué me estaba pasando y así conocerme mejor, haciendo consciente lo inconsciente. Dejé de reprimir mis emociones… Yo, que creía que era la persona más sincera del planeta, descubrí que aún faltaba ser sincera con la persona más importante de mi vida: yo.

 

Intenté aceptar más y fluir con las circunstancias. Pude centrarme en mí. Dejé de culpar a otras personas de mis problemas y puse la lupa en mí. Así salió el miedo, heridas del pasado, emociones reprimidas, bronca contenida, síntomas físicos. Salió todo lo que debía de salir.

 

Estuve cara a cara con mi propia sombra. Pero entendí que también es parte de mi y que intentar tapar las miserias es a la larga desgastante, así que decidí alumbrarla, verla de frente. Aceptar que es parte de mi e integrarla para poder mejorar y avanzar.

 

Pude conectarme con la escritura, no desde lo periodístico como suelo hacerlo, sino desde el corazón. Escribí muchísimo, creo que más que durante toda mi carrera de periodismo. Me animé a crear mi propio blog y comenzar a mostrar, a través de mis textos, lo que soy y en lo que creo. Y así, de a poco, sentirme menos cohibida por la mirada del otro.

 

Me amigué con mi profesión. Dejé de culparme y de culparla por haberla elegido. Dejé de creer que es una profesión con un mercado de trabajo difícil y mal remunerado. Entendí que si amo lo que hago y me enfoco en hacerlo cada vez mejor, puedo vivir de esto. Porque lo que crees lo creas. Sigo trabajando en eso…

 

Supe darme cuenta cuándo una etapa que me dio mucha satisfacción ya había llegado a su fin. Y a pesar del miedo de no saber si estaba haciendo lo correcto, y con más dudas que certezas, me animé a mudarme en el medio de una pandemia, para empezar mi vida en un nuevo país una vez más. Entendí que, en el fondo, la incertidumbre tiene cierta cuota de adrenalina para mi, que lejos de asustarme me carga de energía para ir hasta las últimas consecuencias.

 

Descubrí algunas terapias holísticas que me ayudaron a conocerme mejor. Algunas me llamaron tan poderosamente la atención que empecé a estudiarlas para aplicarlas en mi, y luego poder hacerlo en los demás. Tengo ganas de dejar algo bueno en este mundo que por momentos parece que se nos cae sobre nuestras cabezas y no sabemos cómo bajarnos sin lastimarnos… Creo que ayudando al prójimo es un buen comienzo. 

 

Me comprometí más con las causas que me llaman. Dejé de creer un poquito menos en lo que el sistema y los medios dicen que es correcto o dan como verdad absoluta. Sé que vivo en una sociedad y hay reglas que se deben respetar, pero empecé a cuestionarme acerca de las creencias que nos inculcaron. Todavía no tengo todas las respuestas y seguramente nunca las tenga, pero al menos ahora me hago preguntas. Comencé a entender que si quiero resultados diferentes, debo hacer cosas diferentes…

 

2020 gracias por todo, hasta por aquello que planeé creyendo que era lo mejor para mi y no se dio. No estoy enojada con vos. Te agradezco todo lo que me dejaste ver que había en mí cuando el mundo se había parado por completo.

 

Ahora que me conozco y me acepto más, sé que este 2021 lo voy a hacer mejor.

 

 

 

 

miércoles, 25 de noviembre de 2020

NUEVA NORMALIDAD

--Este texto lo escribí el 1/07/2020, como el título lo menciona, pero se me traspapeló. ;) --


Hoy se cumple casi cuatro meses desde que anunciaron que la pandemia finalmente había llegado a isla irlandesa. Desde aquél 15 de marzo mi cuerpo se encontraba pasando por una catarata de emociones incontrolables. Se apagaron las luces de repente, sentí que me quedé sin piso firme para caminar segura. Si, suena trágico, pero así lo sentí. Las cosas que creía tener bajo control y sin riesgo aparente de perdida habían desaparecido en un abrir y cerrar de ojos: esa película que había filmado en mi cabeza acerca de cómo sería mi 2020 y lo que debía de hacer para lograr ese objetivo se había esfumado. Y pensé que  para lograrlo debía soportar determinadas situaciones, aunque no me hicieran feliz. Como una especie de sacrificio por una felicidad mayor. ¡Gran error!


Comprendí que todo pasa por algo. Siempre tuve esa frase como cabecera, pero esta vez me la tomé muy en serio. Hace varios años que vengo haciendo una exploración personal interna. Supongo que ese camino fue el que me trajo a Irlanda. Pero ahora, con el diario del lunes, la vorágine del día a día europeo y la búsqueda incansable por ver cómo estirar mi estadía en el viejo continente, me la olvidé un poco.


"No tengo tiempo ahora, mejor mañana", es la excusa que siempre usamos para evitar ponernos en modo introspección. El eterno mañana que nunca llega, hasta que algo pasa y el "no hay más tiempo" te explota en la cara.

 

Ya hace un tiempo que estoy investigándome, como nos gusta a nosotros los periodistas: meter el dedo en la llaga a ver qué pasa, buscarle la quinta pata al gato, ser el abogado del diablo... En ese camino empecé a mirarme en profundidad e intentar desprenderme de patrones impuestos y mis creencias limitantes inconscientes. Y así, con el mundo en stop, empecé a mover el mío: investigué acerca de la Técnicas de Liberación Emocional (EFT), la Numerología y la Astrología, leí el libro "El plan de tu alma" de Robert Schwartz. También hice cursos y talleres online de todo tipo: redacción digital, escritura para viajeros, journaling creativo, pintura, Biodescodificación y Entrenamiento Metafísico.

 

El taller de Metafísica fue lo mejor del mundo mundial. Conceptos como mentalismo, causa y efecto, polaridad, vibración, correspondencia, aceptación; nunca me fueron totalmente ajenos. Pero verlos de manera gráfica y bien explicados fueron la punta del iceberg para entender por qué pasa lo que pasa en la vida de cada uno. Es que haber podido escuchar algunas historias de vida de un grupo de casi 200 personas, me hizo ver que en realidad nadie está solo. Todos pasamos por las mismas situaciones, tenemos los mismos miedos y queremos lo mismo, con sus matices claro; pero todos internamente tenemos la misma búsqueda hacia mejorarnos como seres humanos

 

Y un día después del taller y viendo que particularmente en Irlanda vuelve prácticamente todo a la “nueva normalidad”, no puedo dejar de sentirme como aquél 15 de marzo pasado cuando se apagaron las luces externas y tuve que empezar a buscar la luz dentro mío. Paradójicamente, tengo la misma sensación que aquél día. Sensación de vacío, de angustia, de miedo. ¿Y ahora qué? ¿Y ahora para dónde voy? 


Las ganas de llorar a veces son incontrolables y sin razón aparente. Si se supone que está volviendo todo a la normalidad... ¿Por qué me siento así? ¿Será que aquella normalidad ya no va conmigo? ¿Quiero volver a lo de antes de verdad?

 

Y después de tanto investigar-ME tengo más dudas que certezas, pero al menos ya no me reprimo. Ya no lucho contra mi ni contra el mundo. Me dejo ser. Estos estados emocionales que pueden parecer negativos, en realidad no lo son. Hay que agradecerlos también porque generan incomodidad y es ésta la que hace que te empieces a mover en busca de una vida más coherente con tus deseos.

Así que me permito sentir ese malestar. Me permito sentir ese vacío porque ninguna revolución vino en calma...



   





 

Rompe el círculo

Cómo las preguntas correctas pueden transformar tus emociones Las emociones negativas no siempre vienen de lo que pensamos. Entendiendo que ...